Retazos
Nadie te enseña por qué, para qué ni cuándo y sin límites ni bosquejos, andamos. Mientras, en un rinconcito, se ocultan los cuentos soñados, junto a los tantos caminos que esperan a ser transitados.
Abril se empecina conmigo, hace ya más de tres años: El tiempo es por demás fugás y aún... aún no nos enteramos...
Hay tantas sonrisas por ver y tantas que ya no esperamos, miradas que quieren volver y otras ... que no debemos quedarnos; abrazos que aun nos abrigan, aunque... ya no podamos tocarlos.
Mientras el absurdo (aturdido) insiste en importunarnos.
Nadie asegura llegar y lo mejor del paseo sucede en el mientras tanto; no es solo la meta cumplida, sino... el largo camino andado; las risas en el durante; las ganas, los sueños... los ratos.
Dicen que sin programar suceden los mejores actos y que las mejores escenas son esas que no imaginamos, mientras mi obstinado juicio insiste en organizarlo. En la ineludible batalla (entre sentir y pensarlo) osa vencer la razón (por tan endeble certeza y muy audaces astros).
No obstante, quizá, cada tanto, puedo atreverme a vivir, sin cuestionar los "acasos". Y la osadía persiste mas, tras semejante disputa (entre valentía y regaños), resulta lo más sorprendente: aquello que nunca pedimos (y que jamás delineamos) se vuelve capaz de enlazar los más dispares retazos...
Rediagramando recuadros
Creí en bosquejos ajenos (¿designios?) y perseguí algún capricho. Fingía fluir en el "mientras tanto"... Las complicaciones afloran junto a las últimas piezas, aquellas que no encajan (en las que no cabemos); cuando nos empecinamos en vincular dos dibujos que (¿por azar?) resultan incompatibles; cuando la desilusión nos alcanza, nos hiere... nos confunde, nos hace sentir incapaces. ¿Incapaces de qué?¿ De vivir el sueño que alguien soñó? No lo sabemos, no lo entendemos y hasta insistimos, en vano, en una etérea parodia sin texto que parodiar... se nubla la vista, se tiñen los sueños y se desdibujan contornos que siempre... que siempre trazaron tu "plan"...
En medio de tanta bruma, osamos abrir los ojos, para avanzar, cual ciegos, por ese vago sendero que no se ve, en busca de algún horizonte que se escabulle. Volvemos a ejercer presión sobre esas últimas piezas con la renovada esperanza de que, esta vez, van a ensamblar. Y entonces, cuando el dibujo es cuasi perfecto, cuando el diseño pretende absorbernos... se quiebra... se parte... se esfuma... se pierde.
Abandonamos el puzzle, nos despojamos de líneas, de formas... de ruidos y, de repente, tras ensordecidos silencios, volvemos a oir. Y a mirar.
Entonces, amurallamos los miedos. Tomamos un nuevo libro y comenzamos a redactar, sin leyes, sobre esas vírgenes páginas bajo un ávido titular: HOY
Muchas gracias Londres; hasta siempre Paris...
Alguna noche, cada mañana; el tan esperado beso y el más triste adiós.
Nunca me gustó Amelie; no creo en la magia animada y, sin embargo, creí en París. Amé Paris. Odié Paris...
Más de tres despedidas, dos de hasta luego; dos de hasta siempre...
A veces las más lindas historias no tienen los mejores finales; como esa peli perfecta que termina mal... O bien, desde otro punto de vista (francés).
Cualquier final nos desequilibra, nos perturba, nos llena de miedos, de broncas, de dudas y nos devuelve a ese espacio seguro donde fuimos felices, un rato... Como aquella tarde, como su madrugada; como la mañana que muy insolente asomó. Como su abrazo, como sus ojos; como sus " tú" y mis "vos"... Hamaca que deambula en "te quieros" y que inevitablemente termina en adiós. Y nos empuja más lejos, a ese terreno que no soñamos, que nunca elegimos y sin embargo, está ahí, aquí, esperándonos. Despiertan los sueños, se rompe el hechizo, la locura se vuelve insana.
Nos refugiamos bajo las sábanas, como cuando éramos niños, para calmar el dolor... y los miedos. Y entonces descubrimos que nuestra cama de grandes, no tiene el mismo poder.. Algo se quiebra con el reloj: ¿la magia? ¿la suerte?
Lloramos, nos enojamos y nos respondemos preguntas que no nos atrevemos a hacer.
Pero algo nos interrumpe, es ese hada que huyó de París, que vuelve. Nos toma la mano y nos invita a viajar... y le decimos que sí, sin dudarlo. No puede decirnos dónde, pero nos promete algo que decidimos creer: siempre podremos reír...
El viaje no concluye en Once.
Un accidente es, por definición, un suceso repentino ocasionado por un agente externo involuntario. Las condiciones del sistema ferroviario argentino convierten cualquier viaje en una tragedia previsible...
El miércoles 22 de febrero, 51 personas perdieron la vida y más de 700 resultaron heridas a causa de un "error" que debería haberse evitado.
En palabras del secretario de Transporte, "Si esto hubiera ocurrido ayer, que era un día feriado, seguramente ese coche hubiera impactado y hubiera sido una cosa mucho menor y no de la gravedad que fue"¹
Los dirigentes de TBA calificaron como "aceptable"² el servicio de trenes y atribuyeron el incidente a una falla humana. No podría estar más de acuerdo con esto último: la falla es efectivamente humana pero no radica, como sugieren, en el maquinista, sino en las decenas (¿centenares?¿miles?) de humanos que convierten las "fallas" en condiciones regulares.
El informe de la Auditoría General de la Nación (AGN), efectuado en 2008 respecto de la seguridad y mantenimiento de trenes y estaciones, reconoce que en amplias áreas de la concesión de TBA no existe un plan de mantenimiento, tanto sobre el material rodante como sobre las estaciones y pasos a nivel.
Más de 1000 personas toman diariamente "el Sarmiento" (y otros trenes) para llegar a tiempo al trabajo o a la universidad; para vivir... Para crecer, para formar parte de una sociedad que, claramente, no los cuida.
Resulta sencillo, ahora, hacer uso de la fatalidad para demonizar al gobierno de turno. Ojalá fuese este el responsable de todo (y de tanto...) Para bien o para mal, el gobierno no es más que el reflejo fiel de la sociedad que dirige. Hoy es Kristina, "ayer", en Cromañón, fue Anibal Ibarra. Hoy, presidente del sur; antes, un presidente del norte. ¿Quién tocará mañana?
No tengo preferencias ni orientaciones políticas. Me rijo por el sentido común, por mis necesidades, por mis gustos, por mis deseos ¿utopías?. Soy -tan solo- una argentina que reniega de las condiciones tristemente naturalizadas, una argentina que anhela una realidad desconocida, en medio de una sociedad destruida; una realidad que no se cura canjeando presidentes. La "enfermedad" es bastante más profunda y nos alcanza a todos.
El día que los argentinos comprendamos que el debate político trasciende las banderas de los partidos y que las decisiones deben tomarse considerando a los ciudadanos, seremos una Nación. Mientras tanto, seguiremos siendo lo que somos: solo un conjunto de personas habitando un mismo suelo...
¹Juan Pablo Schiavi en conferencia de prensa dictada el miércoles 23 de febrero de 2012
noté algo ajeno en mi plano.
Fui yo,
eras vos (los espacios).
Las horas, los días, los meses;
los años…
Recuerdo esa mañana, en Azul,
con un bebé entre tus brazos,
(a mi, por ser muy menor,
no me dejaban cargarlo).
Tantísimos juegos de niños,
que no consentían mi paso,
por ser simplemente mujer
(nada de muñecas: autos).
Y entonces cambiaste el pijama,
por pantalones más largos…
Yo casi no supe advertir
que el tiempo seguía avanzando…
De pronto no eras un niño,
¡cargabas tu título en mano!
Alguno te dirá Ingeniero
Te llamarán ¿Señor?
(¡con una mujer a tu lado!)…
Cambiaste tu yo por nosotros,
creciste de golpe… ¡tanto…!
Y solo unos meses atrás,
con mi intolerancia y mis mañas,
no nos fue tan mal:
¡10 años!
Y no es que no fuera feliz
(siempre te quise, lo hago)
Es solo que mi yo,
mi ser,
también requería un cambio.
Y ahora te veo allí,
desde aquí,
y me resulta... extraño.
Adoro verte feliz
y hasta me emociona
expresarlo.
Mas, si volviera hacia atrás,
si acaso pudiese cambiarlo,
exhortaría mis ansias
para saldar los regaños;
para compensar en mi voz,
algún que otro tono…
"extraviado".
Te pediría perdón
y te agradecería…
¡tanto!
Mas no borraría la risas,
los juegos (¿delirios?),
los tantos
momentos de absurda razón,
de divertidísimos actos.
Y es que ya mucho cambió
desde aquel entonces
y acaso
hay algo que no ha de mutar
(que nadie puede anularlo).
Podrán llamarte Ingeniero,
alguno te dirá Señor.
Entre tanto,
porque lo quiso el azar
hace ya “algunos” años,
presumo al poder decir,
que puedo llamarte hermano.
Junio de 2011
Lo hemos matado: Qué viva la paz!
En la disputa entre ideologías, al parecer, triunfaron "las fuerzas de paz"[1]. ¿La paz inmiscuida en batalla? ¿Seguridad disfrazando amenazas? ¿Distintos sistemas o a penas dispares niveles del mismo terror, retados por una red de intereses adversos? ¿Poder? ¿Imperialismo? ¿Innovación? ¿Redivivo?
"Fin Laden", "Muerte" y homólogos letreros se combinaron con himno y “baladas”, frente a la Casa Blanca. Washington y New York redecorados junto a banderas con líneas y estrellas y cientos de ciudadanos de edades diversas.
"Justicia", señalan... "Victoria"... ¿Alivio?, como si acaso el final de un ser (si es que este ha sido el final) pudiera sepultar doctrinas.
El antiquísimo duelo entre este y oeste no osa reverenciar ni la moral ni fronteras y asesinar un hombre en representación de una idea puede asociarse a la paz; ya que la paz, para el hemisferio norte, prescribe viajar en fusiles.
El mundo perdura a merced de un ambicioso deseo: bajo un indiviso sol, ideas de distintos pueblos y un único y sublime poder, que sistematiza el juego. Tan solo por precaución, por orden… por leyes. ¿Por reino?
A veces soy un tanto necia para concebir este mundo. ¿Será responsabilidad de Hollywood, por distraerme con tantos finales perfectos? ¿Será que aquel rosa del cine, por fuera es multicolor? Tal vez es que Norteamérica, detrás de los celuloides, persigue otras coordenadas: combaten terror con misiles, perciben seguridad en el riesgo y un premio Nobel de paz, es ovacionado por asesinar… ¿Quién dice que la redundancia no puede sonar incoherente?
Viernes que te quiero, viernes...
El viernes todo está bien; no tiene nada que ver con el lunes, que tiene mala fama per se y que, aunque tantas veces nos ha deslumbrado, no ...
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Yo no te pido que vueles alto, sino que descanses en paz, que es lo que tanto querías, lo que cada vez más repetías; lo que tanto escuché de...
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El viernes todo está bien; no tiene nada que ver con el lunes, que tiene mala fama per se y que, aunque tantas veces nos ha deslumbrado, no ...
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Dicen que el cuerpo nos habla, pues bien; el mío hace ya tiempo que me hace eco... Yo siempre fui de somatizar; de usar mi cuerpo como un ba...