Manifiesto (o algo así)

Me gustan esas personas que no contrastan palabras y gestos; que no disfrazan miradas, ni fingen sonrisas ni aturden silencios.
Elijo personas que no le temen al verbo, ni a los adverbios ni a los adjetivos.
Me agradan personas que osan cuestionar las metáforas, renunciar a la paradoja y desafiar a la alegoría...
Me gustan los ojos que no se escapan, las lenguas que no se callan, las voces que nunca mienten... Las notas que, por azar, descubren nuevos sonidos...
Rechazo la ausencia de código, el verso que desconoce el párrafo, la cobardía que viaje en un traje, la falta de respeto y la hipocresía...


De laberintos, de trechos...

Alguien que quiero (y mucho) me dijo hace poco que estoy en mi "año zen". A riesgo de pecar de ignorante, voy a confesar que no conozco demasiado de esa cultura, pero... me aventuro a creer que, siquiera algunas millas hacia el oriente, he sumado en el último tiempo...
Desde el pie de la montaña, la cima se ve ... tan lejos... Y claro, nos desespera, nos frustra y nos angustia el solo imaginar la cantidad de pasos y esfuerzos que debemos dar para llegar a la meta. Una vez arriba, relajados, tranquilos (satisfechos) se nos da por memorar, la cantidad de sonrisas que nacieron en el intento...
La vida no es un camino a seguir, sino un laberinto de color que recorremos, de a trechos... A veces más rosa, a veces más gris, pero siempre preciso, inevitable... correcto. Los mejores mapas son esos que remarcamos encima, cuando mutamos trayectos...
En ocasiones, no vale la pena insistir sobre el recuadro indiscreto. A veces, es solo dejarse llevar y ver... hacia donde nos lleva el viento...
Antes o después, la vida nos ubica en el lugar correcto; mientras tanto, sonreí, disfrutá, VIVÍ y llenate mucho de esos momentos pequeños, porque esos, señores... son los que nos hacen grandes, los que valen la pena vivir... Los que se vuelven eternos...

Paseos liviantos de domingo...

Me pasó otra vez... En medio de "Sehr geehrte" und "zwar... aber", me decidí a arreglar el mate... Domingo, muy domingo.
Entré a la cocina y estaba ahí. Real, increíblemente real, unos... 20 años después. No, no podría definirlo...
Me acuerdo que, al entrar había una suerte de sala, oscura, en general. Creo que esa fue la primera pc que vi. Pasábamos horas dibujando en el Paint (y tratando de endender al buscaminas...) ¿Te acordás? Éramos tan peques...
Al atravesar esa puerta, una luz intensa nos recibía en el comedor. A la izquierda, la tele... luego la mesa; detrás, la ventana y ese aroma. El mismo aroma... No, no era el de los jazmines, tan peculiar en tu patio, ni de fatai... ni de empanadas de humita (esos merecen un capítulo aparte). Era otra cosa, como algo que se respira en el aire y no se puede describir...
De pronto, la infancia y la adolescencia me invitan a dar una vuelta, y yo les digo que sí; les tomo tímidamente la mano, dejo en pausa el "vielleicht" y me sumerjo, un ratito, en la burbuja fugaz en la que fui tan feliz, tan pequeña, tan naiv, tan azul... tan sin miedos...

16 veranos de amor y 1 duda desesperada

Y 16 veranos después, las dudas siguen dudando...
Nos enseñaron que, para tener un futuro, había que irse; no importaba dónde, mientras dejemos el "pueblo"; las calles que nos vieron crecer, nuestra gente, nuestro barrio... "Un futuro", decían; ni mejor, ni peor, ni distinto; un futuro, a secas, llano; como si al quedarnos ahí, nos apresara el pasado...
Y nos lo creímos; compramos el proyecto de un sueño a costa de... tanto insomnio incautado. Hicimos lo que que quisimos (lo que pudimos) y, por alguna extraña razón (sin querer), nos adaptamos; no sé sí por costumbre o resignación, pero nos quedamos...
Algunos volvieron al pueblo, recuperaron su espacio; otros seguimos, sin más, buscando ese no sé qué que aun parece amarrarnos. No somos de acá, ni de allá; sino es híbrido multicolor que aún nos sigue editando...
Y volvemos, claro, a visitar; ya menos que anteriormente, aunque las despedidas van costando más, conforme avanzan los años...
A veces me pregunto para qué corremos, hacia dónde vamos; si hay un camino a seguir (que aún seguimos buscando), pero seguimos así... andando; persiguiendo, recorriendo, extrañando... Entonces, en medio de tantas olas, asoma una suerte de isla (un paréntesis) un remanso; un hueco chiquitito que nos hace sentir enormes y que, como jura Ismael, y luego de tanto nadar, nos rescata del -tenaz- naufragio... ♥

De tiempo(s)...

El tiempo pasa, las metas mutan, asoman canas pero... hay cosas que nunca cambian, jamás.
No sé si ya van 16 o 17; nunca fui buena para los números (perdón), pero hay algo que sí tengo claro: el reloj jamás da vuelta hacia atrás...
En ocasiones, la vida nos retuerce la razón y un montón de gotitas desordenadas osan nublar la visión (y el alma)... Entonces, solo entonces, somos capaces de ver ...
Ríamos más, lloremos menos; atrevámonos a más (temamos menos!); demos las gracias (pidamos perdón); soñemos más (pensemos menos 🙈); seamos felices con lo que somos, lo que tenemos; dejemos de mirar hacia atrás (o a un costado) y... Vivamos muchachit@s, que el pasaje de vuelta, nadie lo tiene comprado...

...



Pasamos la mitad de nuestra vida esperando la ocasión ideal, delineando el momento justo; lamentando un pasado que ya no pasa y anhelando un futuro que no se aproxima... Ojalá el reloj negociara su espacio, su efecto, su recorrido; pero lejos de condescender, un parpadear fortuito y rapaz ve cómo escurren los meses, entre ambiciosas manos y dedos muy distraídos...
No existe método audaz de predecir el momento ideal y es solo porque caminamos que existe nuestro camino; con piedras, con rosas, con sol y granizo...
La vida es tan fugaz como impredecible y, mientras estemos aquí, es un derecho y una obligación que valga la pena estar vivos...


Su pasaporte Madam? Un descuido...


Y sí, hay aromas que nos hacen viajar, como el que deja la lluvia, la tierra apenas húmeda, un perfume particular o ciertos aromas precisos que, aislados de tiempo y lugar, no tendrían ningún sentido... 
Ayer, cuando volvía a casa, me sorprendió un ligero (aunque algo intenso) perfume a cera. ¿A cera? Sí, a cera; la de los pisos de antes, la que utilizaban las madres (y algunas hijas...)  No es novedad alguna; he sido siempre bastante inquieta y la mitad pequeñita de mi adoraba los trabajos manuales; de grande, ya ven, me enamoré de las letras, las metáforas, los paréntesis (y los puntos tan suspensivos...)
¿En que estábamos? Ah ¡Sí! Los aromas... Bueno, cuestión que, tras percibir el perfume, muy peculiar por cierto, volví a tener 8 (o 10), un ratito, y a recortar sin cesar papel vegetal con formitas... y lanas finitas que dibujaban figuras, con cruces chiquitas muy bien definidas, y paño lenci color Navidad y estrellas... y moldes de perritos que no ladran y sueños de tela y cartón... coloridos.
Volví a encontrar a mamá, que me esperaba en la puerta para regresar de mi mano. Una vez más, el mantel de tela y las tostadas de pan, untadas con miel y manteca; y un té con leche humeante y bien dulce... como la merienda con mamá, en casa. Y me sentí abrigada, endeble, liviana... Tan viva...
Es que... de tanto en tanto me animo a viajar, a abstraerme del mundo real (de un descuido... ) y a revivir otra vez, y al pasar, recuerdos que me hacen grande; en puentes tan pequeñitos...

Life... oh Life... 🎼







Viernes que te quiero, viernes...

El viernes todo está bien; no tiene nada que ver con el lunes, que tiene mala fama per se y que, aunque tantas veces nos ha deslumbrado, no ...