comas...

Y entre gota obtusa y tenaz, resuena constante su voz y una vez más, su sonido...
Puede que sea real: no fue su mejor decisión, pero tras tan diminuto punto, la sedujeron ya sin dudar, inquietos y ya tan osados, dos puntos más, suspensivos...
"No quiero saber en que andás..." arrojó también  sin dudar, como pidiendo perdón (y permiso)...
Los mapas tampoco preguntan, ni abrazan, ni sienten... ni abrigan...
"Solo sé que me gustaste... Me gustó estar con vos", insistió...
Del vértice opuesto de la misma línea, la otra voz, sin tono y con dejavú, asentía...
Dicen que todas las personas que conocemos se cruzan en esta vida con algún motivo. A veces nos cuesta entender, en especial detrás de una puerta, cuando ese, el tan esperado ser, se ha ido. Y a veces, dudamos si permanecer, esperar o hacernos los distraídos...
"Tengo ganas de verte", comentó. "Yo también", respondió ella, casi como al descuido.
Le aterra pensar en quizá, en tal vez, en sentidos; mas sabe, que puede callar y esperar, mas nunca jamás silenciar, tan cómplice e indómito ruido...

Vuelos...

"¿Ustedes se conocen?",  preguntó y lo que siguió al stand-by fue su más tierna sonrisa.
"Soy Lu", arriesgué, para solpar los preámbulos (y censurar titubeos); un guiño equívoco y distraído selló y agregó una coma a tan oportuno encuentro...
Excusas y complicidad tiñieron de magia la tarde y anticiparon, sin más, lo que siguió en el libreto.
No soy capaz de jurar si fue la uva, su voz o tan seductor acento, pero sin prisa (y sin par), aquel mismo puzzle fugás, supo encajar cada pieza, antes incluso (también) de tan esperado beso...
Su pecho, su piel y su calma; mi sombra, su luz... la montaña y el tan riguroso adiós que supo pausar la pasión, solo en 2 horas de vuelo...
"¿Llegaste bien?", arrojó, y lo que siguió a tal cuestión fueron y son hasta hoy retazos y piezas osadas de tan peligroso reto...

De normas y letras...

Luego de maestra y secretaria que, estimo, no es nada original en el imaginario de un niño (o niña), lo que inmediatamente siguió fue traductora de Inglés. Durante años fantasié con la idea de hacer un intercambio, a Londres o  a Cambridge. ¿Dónde más?
Al momento de elegir profesión, como era de suponer, me anoté en traductorado y   osé darle un marco de realidad a tan veleidoso sueño. Pero las directrices legales, junto con mi "minoría de edad",  dictaron sentencia: terminé en comunicación, y me enamoré de las metáforas (y de los paréntesis).
Al cabo de nuevas tentativas, se completó la tercera y... como dicen que es la vencida, ya no volví a intentarlo. Pero una partecita de mi, aun navega en el Támesis y viaja en el  piso 2 de un Bus monocromático...  Y hasta despunto el vicio, a diario, en el 7mo piso de otro edificio que no se desplaza....
Dicen que nunca es tarde y como hace años no uso reloj, me gusta jugar a que creo.. A lo mejor, algún día, abandono el terreno hipotético y empiezo a llamarme Lu Mess, la traductora... Hasta entonces, seguiré siendo Lu Mess, la que lucha, la que sueña; la que se adjudica la potestad de celebrar, sin dudar, el día del traductor, sin matrícula habilitante :)

Octubre 2014

Dialéctica enredada

No era la pluralidad de verbos lo que determinaba su eco y  era  por ello que su afonía no resultaba arbitraria. No obstante, ahora, le incomodaba la pausa...
 Aquello del puente fugaz, sabía, no había sido su mejor idea. Lo supo a penas lo miró a los ojos  y lo recordó (una vez más) cuando lo tuvo en sus brazos.
Los años de sombras, de calma y mudez se habían esfumado de golpe. Incluso la ilegalidad había cambiado de forma. Y ese pisar, sin pesar, aturdió el obtuso silencio, en tan herido regazo.
La torpe dialéctica se entrometió en sus pisadas, otra vez y no era solo su dinamismo el que alteraba su calma, sino la prisa confusa de tantas líneas... opacas.
Nada podía ya hacerle: se replicaban los nudos y se enredaban sus alas... La sombra de tanta luz, cubrió sin tregua su voz y la atacó por la espalda; una vulgar opresión ensordeció sus oídos y sin compasión ni piedad, selló la rendija de luz y obnubiló, muy a  prisa, su alma...


Eternamente, fugaces

"Mi diagnóstico es sencillo: Sé que no tengo remedio" oi repetir a Cortázar, como si se tratase de mi. Siempre se trata de mi, de mi y de esa obstinada obsesión de atiborrar los adverbios...
No había planeado el impacto... el azar delineó ciertas líneas y yo me apropié de las rectas y de sus curvas (solo de algunas de ellas).
Subestimando detalles aparentaba muy bien; incluso el paréntesis... Vimos desvanecer aquel lago (y su eco) algunos unos años atrás, pero el reloj (y el azar), mutó la ilegalidad y la adormeció entre mis brazos... Para faltarle un bosquejo, bastante preciso fue el plan.
Pero algo salió mal esa noche: me gustaste.
Delimitamos un puente fugáz y, como era también de esperar, se fatigaron sus cuerdas. Mas en medio del fugitivo escalón, el mismo ícono atroz que se replica, distante. Y entre más sombras y huecos, tres puntos ensimismados que me condenan a duelo. Me afixia tu paradoja, desborda mi voz de metáforas y mi sed de volver a sentirte grita en silencio, mientras se alejan tus pasos... y  calla.

Esquivos...

y sin meditarlo siquiera  se apresuró a besarlo; su mano otra vez en su rostro; su labio, una vez más, en sus labios.
Todo lo que había pasado hasta entonces había sido un paréntesis, desde la última vez. Le divertía pensar que lo era, que solo aquellas horas eran auténticas, las que pasaban juntos; solo los dos, con idéntica complicidad (sin testigos). Pero el reloj, no obstante, sabía... jamás había sido su aliado.
Aquella noche él no encontró excusa y ella ... ella decidió hacerse eco de sus ganas, como a veces; como algunas veces en las que finge creer (o soñar) que al menos en ciertas pausas, es completamente suyo...
Y entonces, una vez más, los susurros, las caricias y el más solapado de los silencios. Siempre fue así porque, pese a lo mucho que hablan, nunca se dicen nada... El simula no sospechar; ella insiste en engañarse, como si acaso así pudiese disfrazar lo que siente.
De tanto en tanto se jura que no, que nunca más; que ya no tiene sentido. Pero la obtusa razón a penas trasciende... y se apaga...
Se muere de ganas de abrigar sus temores, de eternizar esas horas... de acompañar sus silencios. En cambio decide escapar y limitarse a soñar, sin jurar, y a acatar, de tanto en tanto... sus mismas perpétuas ganas...

¿Cuándo volvés, papá?

Mirada distante, pisada más lenta y la más tierna de las sonrisas... en pausa. En pausa también tus ideas, tu ingenio (tus ganas).
Un zapping constante, sin tregua, con ritmo (sin calma).
La queja arbitraria, el brillo opaco en tus ojos y las emociones... erráticas.
Extraño tu ritmo pa, extraño tu fuerza, tu vehemencia, tus ganas...
¿Qué estas esperando papá? Pasaron ya... tantas mañanas y tantas tardes y tantas noches y tantas más madrugadas que ya este silencio en tu ruido desarticula mi sueño y enreda de a poco mi alma.
Extraño tu gestos, extraño tu risa; extraño tu garra; tu ímpetu, tus refranes... tus mañas; las lindas, disparatadas (y sanas).
Extraño tu abrazo papá, extraño tu hazaña;los años en los que el reloj no quemaba; cuando  sus inquietas agujas jugaban, y distraían tu soles, tus sombras, tus miedos (tu alarma).
Ya quiero que vuelvas papá, que vuelva tu risa, tu luz, tu mirada. Que vuelva el que me ayudó a caminar cuando los pesos pesaban; el que me apoyó en mis deseos, el que me bancó en mis errores, me levantó en mis caídas y que tan solo por oír mi voz, me escuchaba...
Estoy esperando que vuelvas; no quiero ni comas, ni líneas, ni pausas; quiero un paréntesis eterno, quiero una hoja sin manchas; quiero una risa con eco y la más linda de todas las curvas, junto a tu boca (en tu cara)
Dale, ya somos muchos aquí y estamos ansiosos por volver a verte,  ¿Qué te parece mañana?

Viernes que te quiero, viernes...

El viernes todo está bien; no tiene nada que ver con el lunes, que tiene mala fama per se y que, aunque tantas veces nos ha deslumbrado, no ...