"El viaje más largo de tu vida es el que va de la cabeza al corazón", leyó y agrega: y no hay atajos, ni treguas, ni trenes... (ni ascensor).
"Nos vemos", le dijo. "Hasta siempre", meditó. Porque las palabras, sencillas, alivianan las letras y embarullan el corazón..
Nunca aprendió cómo era; cuánto debía (y cuánto no). Se aturdió en el silencio, dio 103 vueltecitas, miró hacia ambos extremos y enmudeció.
¿Cómo saber si era miedo, dudas... o desamor?
Estaba segura de ello: los mapas y las aventuras no eran su mejor opción y en tal afán de escaparse, y sin meditarlo siquiera, desovilló dos madejas y en un obtuso retazo, cayó... Y entonces, la misma historieta, idéntico argumento y el tan caprichoso guión... Quizá su eterno problema eran las matemáticas y aquella "X" furtiva que, tras sumar 1 y 1, sin licencias ni concesiones, vuelve a fundirse en un 2...
Reflexiones...
La sonrisa de mi sobrina (las lágrimas de mi mamá); los disparates de mi hermanito (los refranes de mi papá), la voluntad y la energía de Nati; las ocurrencias de Pau... Los insobornables celos de juli, mi hermano mayor: papá...
Las mentiritas piadozas, las risas, la sonrisas... el buen humor.
Los miedos más chiquititos, las cosquillitas curiosas, el coraje, la emoción.
El azar y sus caprichos, los paréntesis oportunos, las metáforas... la ilusión...
Curioso que las cosas... más valiosas, aún no se puedan comprar.
Hasta luego billetera, buenas noches Master Card.
Las mentiritas piadozas, las risas, la sonrisas... el buen humor.
Los miedos más chiquititos, las cosquillitas curiosas, el coraje, la emoción.
El azar y sus caprichos, los paréntesis oportunos, las metáforas... la ilusión...
Curioso que las cosas... más valiosas, aún no se puedan comprar.
Hasta luego billetera, buenas noches Master Card.
Tomy, chiquito... Muchacho!
Muchos niños crecen junto a una mascota. Dicen que los ayuda a sociabilizar, a desarrollar el sentido de la responsabilidad, a expresar emociones y a reforzar, también, su sistema inmurológico...
Yo no crecí con una; pedí una y otra vez a mamá que me comprara un perro y la respuesta fue siempre la misma; simple, caprichosa y escueta: no.
Mi hermanito, haciendo uso (y abuso) del derecho y el deber que le confieren ser de todos el más pequeño, no se detuvo a pedir permiso. Una nochecita de diciembre, allá por el 199... y algo, llegó Tomy, y se quedó para siempre, por unos cuantos ratitos... Yo no crecí con él, pero tuve el honor (y el placer) de que fuese él, el que creciera conmigo...
A sus 6 años de edad, tuve que dejar mi casa para venir a la city y, como era también de esperar, no había lugar en mi bolso para traerlo escondido pero se las arregló para visitarme, siempre que mamá o papá lo consideraron oportuno...
No hay una sola de mis visitas a Azul que no extrañe su tierna carita, los saltos color té con leche, aquel gruñido "feroz", las corridas alocadas por el pasillo, el roce caprichoso de sus uñas con la puerta de la escalera y el inagotable reclamo de mimos que me ofrecía, cuando me veía llegar, con los apuntes cansados al hombro y tantos sueños más por delante...
Sospecho que vivió feliz y no me atrevo a dudar que a todos nos hizo felices... Supo llenarme las horas y cuando le faltaron las fuerzas, alguien más decidió por él. No tuvo más opción que marcharse y convertirse en recuerdo para vivir ya sin mí, mas siempre -y para siempre- conmigo.
¡Gracias por todo pequeño...! Tomy, Tomito, Tomás, chiquito... ¡Muchacho!
Yo no crecí con una; pedí una y otra vez a mamá que me comprara un perro y la respuesta fue siempre la misma; simple, caprichosa y escueta: no.
Mi hermanito, haciendo uso (y abuso) del derecho y el deber que le confieren ser de todos el más pequeño, no se detuvo a pedir permiso. Una nochecita de diciembre, allá por el 199... y algo, llegó Tomy, y se quedó para siempre, por unos cuantos ratitos... Yo no crecí con él, pero tuve el honor (y el placer) de que fuese él, el que creciera conmigo...
A sus 6 años de edad, tuve que dejar mi casa para venir a la city y, como era también de esperar, no había lugar en mi bolso para traerlo escondido pero se las arregló para visitarme, siempre que mamá o papá lo consideraron oportuno...
No hay una sola de mis visitas a Azul que no extrañe su tierna carita, los saltos color té con leche, aquel gruñido "feroz", las corridas alocadas por el pasillo, el roce caprichoso de sus uñas con la puerta de la escalera y el inagotable reclamo de mimos que me ofrecía, cuando me veía llegar, con los apuntes cansados al hombro y tantos sueños más por delante...
Sospecho que vivió feliz y no me atrevo a dudar que a todos nos hizo felices... Supo llenarme las horas y cuando le faltaron las fuerzas, alguien más decidió por él. No tuvo más opción que marcharse y convertirse en recuerdo para vivir ya sin mí, mas siempre -y para siempre- conmigo.
¡Gracias por todo pequeño...! Tomy, Tomito, Tomás, chiquito... ¡Muchacho!
De sueños...
"Mi inconsciente es bastante consciente", medité, y derroqué sin piedad a Sigmund, su ley y sus fundamentos. Porque no es lo mismo no ver, que simular que no vemos... Aunque hay un instante en que nada se esconde...
Asumo que de noche somos todos cineastas, hacedores de historias, de cuentos; de vidas que nunca vivimos y que narramos, sin voz (sin temor); sin pedir perdón (o permiso)...
Princesas, héroes o simples mortales que, en tal arte caprichoso, no siempre terminan bien. Pero nos atrevemos y, durante una serie escenas, osamos volar, naufragar; jugamos a ser y a crear (a creer). Porque allí, en ese reinado fiel, autárquico, sin norma (sin rey) no corremos ningún riesgo...
Asumo que de noche somos todos cineastas, hacedores de historias, de cuentos; de vidas que nunca vivimos y que narramos, sin voz (sin temor); sin pedir perdón (o permiso)...
Princesas, héroes o simples mortales que, en tal arte caprichoso, no siempre terminan bien. Pero nos atrevemos y, durante una serie escenas, osamos volar, naufragar; jugamos a ser y a crear (a creer). Porque allí, en ese reinado fiel, autárquico, sin norma (sin rey) no corremos ningún riesgo...
Paradojas oscilantes de la vida
A veces me da por pensar que ese mundo, el que funcionaba al revés, no era tan solo un cantito...
Cuando algo es realmente muy bueno, decimos que es "bueno mal"; golpeamos para reparar y, para aumentar la energía, nos agotamos haciendo ejercicio. Se ve siempre lo más importante cuando cerramos los ojos, decimos muchísimo más cuando se callan los ruidos, e incluso en el mismo silencio podemos estar aturdidos. Lloramos si estamos felices; sabemos, solo cuando lo perdemos, el gran valor que tuvimos, y enloquecemos en el laburo para vivir más tranquilos.
Quizá sea entonces por eso que, en ocasiones, debamos morirnos de amor para sentirnos más vivos...
Cuando algo es realmente muy bueno, decimos que es "bueno mal"; golpeamos para reparar y, para aumentar la energía, nos agotamos haciendo ejercicio. Se ve siempre lo más importante cuando cerramos los ojos, decimos muchísimo más cuando se callan los ruidos, e incluso en el mismo silencio podemos estar aturdidos. Lloramos si estamos felices; sabemos, solo cuando lo perdemos, el gran valor que tuvimos, y enloquecemos en el laburo para vivir más tranquilos.
Quizá sea entonces por eso que, en ocasiones, debamos morirnos de amor para sentirnos más vivos...
Fragmentos, retazos... Más hilos
"No estoy de humor", sentenció, y un sinfín de madejas se desovillaron sin mas, sin pedir perdón (ni permiso)... Ya no se trataba de él, o tal vez sí, de algún modo... Aún, le asfixiaba el silencio, y el ruido; las sombras, los ecos... sus hilos...
Había escuchado cantar: lo peor del amor, mientras duele, son esos dos puntos que, sin piedad, junto aquel mismo punto final, sueñan que aún pueden ser 2 puntos más, suspensivos... Pero la calma, que no era su aliada, inquieta, sin voz, sin color, supo perder su sentido...
¿Cara o cruz? Los juegos de azar, el as en la manga, la prenda en los juegos, los guiños; las cartas marcadas, las reglas no claras, las trampas legales, los retos, los miedos... Los niños...
Las sombras sin luces, más pausas sin tiempo, dos labios sin besos... Tres ecos, sin ruido...
Había escuchado cantar: lo peor del amor, mientras duele, son esos dos puntos que, sin piedad, junto aquel mismo punto final, sueñan que aún pueden ser 2 puntos más, suspensivos... Pero la calma, que no era su aliada, inquieta, sin voz, sin color, supo perder su sentido...
¿Cara o cruz? Los juegos de azar, el as en la manga, la prenda en los juegos, los guiños; las cartas marcadas, las reglas no claras, las trampas legales, los retos, los miedos... Los niños...
Las sombras sin luces, más pausas sin tiempo, dos labios sin besos... Tres ecos, sin ruido...
Ser menos pequeños
Crecer es aceptar que nuestros héroes tampoco serán eternos, que el para siempre no dura y que esas heridas (las que no se ven) son las que más nos hirieron.
Crecer es entender que después puede llegar en un rato, en un mes o en muchísimos años y que también entonces será el momento correcto.
Es descubrir que el tiempo no cura, pero organiza, y que la claridad no es sencilla y que requiere de sombras; que tampoco el dolor es perenne aunque su huella, sin más, pueda volverse indeleble.
Crecer es lastimar con los actos, la voz (o silencios) y es abrigar con abrazos, con besos... con gestos.
Crecer es pedir una mano, cuando nos falta valor (cuando nos vencen los miedos).
Crecer es enfrentarse a los "monstruos" de día, y con la luz encendida; cuando se quiebra esa magia que aparecía en las noches, para sanar el dolor, desdibujada entre sábanas...
Crecer es decidirse a vivir; es aprender a pensar pero también y, pese al sinfín de lesiones, es atreverse a sentir.
Es valorar un domingo, una pausa... el silencio. Es refugiarse en un libro, una pasión (un misterio). Es indignarse con auge, con solidez (sin remedio). Es aprender a jugar, sin perseguir un final, ni trofeos; es comprender que al perder también se puede ganar y que ganar, a veces, no es bueno... Que perdonar no implica olvidar y que se puede callar, aun teniendo razón y que, en ocasiones, es lo que vale pena...
Crecer es plantar ilusiones, sepultar frustraciones... cosechar proyectos. Es agotar la energía para volver a luchar, por más sueños. Es entender que correr no significa llegar y que mejor que llegar es disfrutar del momento; de lo que entonces tuvimos y que quizá... no tendremos y que aprenderemos a ver (sin mirar), en una sonrisa, alguna canción, un recuerdo...
Crecer es entender que después puede llegar en un rato, en un mes o en muchísimos años y que también entonces será el momento correcto.
Es descubrir que el tiempo no cura, pero organiza, y que la claridad no es sencilla y que requiere de sombras; que tampoco el dolor es perenne aunque su huella, sin más, pueda volverse indeleble.
Crecer es lastimar con los actos, la voz (o silencios) y es abrigar con abrazos, con besos... con gestos.
Crecer es pedir una mano, cuando nos falta valor (cuando nos vencen los miedos).
Crecer es enfrentarse a los "monstruos" de día, y con la luz encendida; cuando se quiebra esa magia que aparecía en las noches, para sanar el dolor, desdibujada entre sábanas...
Crecer es decidirse a vivir; es aprender a pensar pero también y, pese al sinfín de lesiones, es atreverse a sentir.
Es valorar un domingo, una pausa... el silencio. Es refugiarse en un libro, una pasión (un misterio). Es indignarse con auge, con solidez (sin remedio). Es aprender a jugar, sin perseguir un final, ni trofeos; es comprender que al perder también se puede ganar y que ganar, a veces, no es bueno... Que perdonar no implica olvidar y que se puede callar, aun teniendo razón y que, en ocasiones, es lo que vale pena...
Crecer es plantar ilusiones, sepultar frustraciones... cosechar proyectos. Es agotar la energía para volver a luchar, por más sueños. Es entender que correr no significa llegar y que mejor que llegar es disfrutar del momento; de lo que entonces tuvimos y que quizá... no tendremos y que aprenderemos a ver (sin mirar), en una sonrisa, alguna canción, un recuerdo...
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El viernes todo está bien; no tiene nada que ver con el lunes, que tiene mala fama per se y que, aunque tantas veces nos ha deslumbrado, no ...
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No tiene que ver con vos, sino conmigo; con lo que soy, lo que fui... lo que elijo. Sí, lo sé, sos increíble pero... no me alcanza (perdón)....
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No, no soy futbolera pero, una vez cada 4 años (Y durante un mes, al menos) los argentinos hacemos a un lado las diferencias que nos distanc...