Vaivenes

y entonces por fin  asumió que no todo aquello que cuesta vale en verdad la pena. 
Dicen que amar nos vuelve perseverantes, a veces tercos, poco curiosos... quizá vulnerables, pero no es el amor lo que nos lastima sino la inestable ambición de unificar diferentes cuerpos; de entrelazar ambas almas cuando solo una de ellas decide adaptar sus vuelo, mientras discurren ideas, pasiones,preguntas... miedos; millones de interrogantes y un par de alas cobardes que osan subestimar el suelo...
Relojes con prisa, hamacas inquietas, silencios... sollozos poco oportunos, el caprichoso azar y el anticipado adiós; un redundante vaivén que vuelve a cerrar las puertas del inconsistente sendero...


Furtivos, intensos... escasos

"Yo te quiero", le dijo ella... "Yo también te quiero", replicó él y nunca antes había sido la semejanza tan desigual. Él sin duda la quería; ella, en cambio, lo quería a él...
Inviernos, otoños, veranos osaron discurrir con prisa por sus agendas, mientras la vida seguía su curso, sin preguntarles jamás... sin esperarlos...
Habría adoptado su diario, su voluntad, sus defectos; mas solo copartían ratitos; escuetos, fugaces (chiquitos).
Jamás le sostuvo su mano ni la abrazó por la espalda; no hubo cine,  ni flores ni eventos; siempre palabras, susurros... momentos. El desde luego lo sabe (lo aprueba); ella también lo sabe, más no se resigna y espera...
Tantísimas veces se alejó de él y se juró olvidarlo o al menos, tal vez, aceptar. Más nunca se fue del todo, nunca logró dejarlo... Sin prisa y con calma vuelve a esperar esa voz y se aventura a soñarlo. El ni siquiera sospecha; ella en silencio lo acepta, para volver a negarlo. Pero sus pausas no duran, tampoco sus no... y vuelve el reloj a juntarlos,  con plena pasión (sin testigos); siempre en oscuros rincones, sin proyección... tan furtivos...
Una y mil veces amará a Joaquín, cuando pensar y sentir discurran a contramano, y decidirá aceptar, sin más, solo esos ratos discretos, poco prudentes (y escasos). y le dirá "te quiero" y escuchará un "yo también", sin atreverse, jamás, a cambiarlo...



Bis...

Al cabo de algunos días volvió a asomarse... Juró y re juró que ya no lo haría y en cambio... Volvió.
Era distinto, sabía y sin embargo... Idéntico era el dolor...
La misma ventana a la misma altura; un poco más alto, el mismo escalón. Respiró hondo y se armó de coraje. Escaló con paciencia y entró.
El cuarto aún estaba oscuro, tal cual cómo lo dejó y percibió otra vez ese frío; ese helado susurro que una vez más la atrapó.
Cruzó por aquella puerta y se sentó en la cama; miró de reojo ese hueco, detuvo su aliento y lloró... Casi un millar de imágenes se aventuró en su frente y junto a cada recuerdo se le empañó el corazón... Volvió a sentir el vacío que también sintió aquella tarde, cuando arrojó ese libro; la misma tristeza... El mismo temor.
Estuvo unas horas mirando ese hueco, el que cubría la alfombra que jamás destapó... Se le cortaba la voz mientras juraba en silencio y en cada suspiro repitió su nombre y junto a sus letras... Un no...
 Flaqueaban sus piernas, dudó su coraje,  temblaba de miedo... Y amor.....
Supo al pasar unos días que ya no debía intentarlo... La más dulce de sus sonrisas quedó sepultada en la alfombra; sus ilusiones y sueños se ahogaron sin tregua en ese agujero infinito, sin sol...
Se puso de pie y regresó a la ventana, mientras volvía a jurarse que ya no cabía otra opción.... Habría entregado sus noches por encerrar sus recuerdos, junto a esa misma cama, a un lado del mismo hueco... Junto a ese helado refugio que supo asfixiar su pasión...
Odiaba las despedidas, más nada podía evitarlo; no habría tenido elección... Tras superar la primera, se aventuró a la segunda y lentamente... siguió... La cuarta, sin dudas, fue  muy difícil, la que más dentro suyo caló. No había rencores, ni enojos;  sólo tristeza, cariño y el más demorado adiós....

...


Por ejemplo, su mano en mi espalda; por ejemplo, sonrisas y sueños...
Por ejemplo, su ausencia y mi pausa; por ejemplo, nostalgias y miedos...
Por ejemplo, silencios y puertas; por ejemplo... Que me echo de menos...
Por ejemplo, su nudo en mi pecho; por ejemplo, mudismos... Eternos...

Burbujas...

Entonces,  un día cualquiera y de pronto,  tu cuerpo luce distinto; te pesan las piernas, la voz, e inoportunos senderos decoran, con algo de prisa y tesón, el marco de tu mirada.
Con cierta resignación te ponés de pie, tras la monótona queja que a penas discurre en tus labios. El cruce con el espejo es letal, pero inevitable, como ese surco nuboso que con perseverante elegancia delinea un contorno ovalado.
Los días son poco variados: trabajo, extras... gimnasio. Más de una vez por semana organizás una cena; volvés a reir con amigos y entonces, tan solo por unas horas, sos quien en verdad querés ser, sin duda,  tu mejor versión... casi sin darte cuenta...
Y por fin... viernes: ¡Llegó el finde! ¿Salir o descansar? Quisieras dormir 3 vidas, o 4, si acaso tuvieras tiempo. Conjugas ambas alternativas y, en un feroz ímpetu de añoranza, te vas a ver a los viejos, en bondi... La ruta es tan larga como ineludible y no te preocupa: lees, escuchas música y las otras 3/4 partes del viaje son para meditar "detalles" que te hacen pensar... un poco...
Y finalmente llegas, tu vieja te está esperando (siempre lo hace), incluso lo más probable es que cuando entres a casa (su casa), ya esté la pava en el fuego para cebarte unos mates. Y vos feliz, obvio, porque no importa cuan grande ya seas, nunca se es tan mayor para rechazar ciertos mimos. Te sentás a su lado, un rato, y hablas de todo, sin respirar; a  ella también se le olvida. Entre tanto, insistís con la misma puertita, reiteradísimas veces... Cada sabor te transporta: nostalgias... recuerdos... y entonces, antes de que la culpa te rememore la dieta, lo ves a entrar a papá (al viejo), con esa mirada tan dulce y esa pisada... más lenta... El calendario golpea tu hombro y pesa, con fuerzas, en cada rincón de tu espalda. Los años son crueles a veces... perversos; te obligan a parpadear, sin dudar, para ocultar que, otra vez, esa basurita tenas volvió a entrometerse en tu ojo... y  le sonreís, feliz, y le explicás (sin hablar) lo mucho que lo has extrañado...
El finde se escapa discreto pero antes, libera decenas de voces;voces que jamás se dicen y voces que... aturden, en el más excesivo silencio...
Cada regreso es igual: largo; pero ahí no hace falta disimular; la basurita vuelve contigo.
La llegada a casa (tu casa) es un baldazo helado que te sorprende (y te asusta).  Te tomás unos minutos. Siempre es igual: mezcla de pena y melancolía, mientras llamás a mamá, para avisar que llegaste, y agradecerle, otra vez, por lo que hizo estos días,  aunque de memoria sabés, que la razón de ese "gracias" excede este fin de semana.
Y  estás nuevamente ahí, frente a ese reflejo feroz, junto a un montón de metáforas. Te hablás (te aturdís). Solo estás vos y tu yo que grita, a viva voz, que esa vida que vives no es como lo planeabas.  Comienza la discusión con ese gen adversario y entonces, minutos antes de dimitir, entre renuncias y treguas, algo detiene tu voz (y tus lágrimas) y te decidís a creer, te permitis intentar que aquella burbuja, fugaz, logre crecer y durar (pueda volverse real), mientras perduren tu fe y tus ganas...


Hasta siempre, adiós...

Se levantó decidida y de un enèrgico salto, salió... Caminó muy de prisa, no quiso mirar por su hombro y, simplemente, avanzó.
¿Estaba segura? No.  Pero jamás lo había estado y, en cambio, sabía, sería lo mejor...
Lo había intentado ya cientos de veces, lo había ensayado e incluso... Había escrito y borrado sobre ese único guión...
Los últimos pasos fueron los más difíciles. Volvió a preguntarse si acaso era eso lo que quería. Un monosílabo opaco le respondió.
Recordó una y otra vez cada escena, repasó en 3 minutos todo el libreto, coma por coma; renglón por renglón.
La puerta siempre encimada y la ventana,pequeña, siempre a medio cerrar. En cada peldaño volvió a meditarlo y al ingresar a ese cuarto se le cortó la voz.
Una vez más, frente a sus ojos; donde aquella última vez lo dejó.
 Respiró muy profundo y acarició su mejilla, mientras juraba  (enojada) que ya no lo volvería  hacer...
Temblaba su pulso, sudaban sus dedos. Se sentó lentamente y volvió a tomarlo en sus manos; una mirada escéptica y triste la acompañó.
No podía evitarlo... ya no.
Con actitud decidida se puso de pie y, sin dudarlo, siguió. Se arrodilló lentamente y retiró la alfombra, aquella que tantas veces pisó. Un aire helado le acarició la cintura y sin consultar, la abrazó.
Estaba oscuro allí abajo... Respiró muy profundo y entre provocadores flashes, por fín, se atrevió: tomó el gran libro con ambas manos y sin murmurar, ya sin dudarlo siquiera, lo arrojó...  No se escuchó ruido alguno y pese a su enorme esfuerzo, tampoco lo vio...
Cubrió nuevamente aquel hueco con esa misma alfombra y con idéntico ímpetu se puso de pie, y salió. Dio media vuelta solo para a mirar ese cuarto; la seductora ventana y ese cobarde escalón...
La vuelta a casa  fue más pausada, más lenta (no lo advirtió). Un aire difuso recorrió su espalda y una nostálgica brisa le abrigó el corazón... Cerró nuevamente sus ojos y acarició sus mejillas... Ya nada podía hacerse; allí no cabía "hasta luego", aquello había sido un adiós...

Enfoques

No importa cuánto nos duela el adiós, cuan hondo se cale el sentido; el eco opaca su voz, el mundo no evita el destino: su eje resuelto y usual lo invita a girar, sin parar, con homónima intensidad ( idéntico afán), desvergonzados ruidos. El desafío es, quizá, ese capricho (mordaz) que nos sugiere encajar, con todos nuestros desvíos...
El tiempo nos hace pensar y nos invita a buscar, para volver a encajar y así, ya sin dejar de girar, nos atrevemos a ser porque, mucho mejor que vivir, es que nos sintamos vivos....

Viernes que te quiero, viernes...

El viernes todo está bien; no tiene nada que ver con el lunes, que tiene mala fama per se y que, aunque tantas veces nos ha deslumbrado, no ...