No importa cuánto nos duela el adiós, cuan hondo se cale el sentido; el eco opaca su voz, el mundo no evita el destino: su eje resuelto y usual lo invita a girar, sin parar, con homónima intensidad ( idéntico afán), desvergonzados ruidos. El desafío es, quizá, ese capricho (mordaz) que nos sugiere encajar, con todos nuestros desvíos...
El tiempo nos hace pensar y nos invita a buscar, para volver a encajar y así, ya sin dejar de girar, nos atrevemos a ser porque, mucho mejor que vivir, es que nos sintamos vivos....
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Viernes que te quiero, viernes...
El viernes todo está bien; no tiene nada que ver con el lunes, que tiene mala fama per se y que, aunque tantas veces nos ha deslumbrado, no ...
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"Lucrecia, papá Rubén", dijo de repente una voz familar, a través de un número deconocido, junto con un tanto enigmático "no ...
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