No era la pluralidad de verbos lo que determinaba su eco y era por ello que su afonía no resultaba arbitraria. No obstante, ahora, le incomodaba la pausa...
Aquello del puente fugaz, sabía, no había sido su mejor idea. Lo supo a penas lo miró a los ojos y lo recordó (una vez más) cuando lo tuvo en sus brazos.
Los años de sombras, de calma y mudez se habían esfumado de golpe. Incluso la ilegalidad había cambiado de forma. Y ese pisar, sin pesar, aturdió el obtuso silencio, en tan herido regazo.
La torpe dialéctica se entrometió en sus pisadas, otra vez y no era solo su dinamismo el que alteraba su calma, sino la prisa confusa de tantas líneas... opacas.
Nada podía ya hacerle: se replicaban los nudos y se enredaban sus alas... La sombra de tanta luz, cubrió sin tregua su voz y la atacó por la espalda; una vulgar opresión ensordeció sus oídos y sin compasión ni piedad, selló la rendija de luz y obnubiló, muy a prisa, su alma...
Eternamente, fugaces
"Mi diagnóstico es sencillo: Sé que no tengo remedio" oi repetir a Cortázar, como si se tratase de mi. Siempre se trata de mi, de mi y de esa obstinada obsesión de atiborrar los adverbios...
No había planeado el impacto... el azar delineó ciertas líneas y yo me apropié de las rectas y de sus curvas (solo de algunas de ellas).
Subestimando detalles aparentaba muy bien; incluso el paréntesis... Vimos desvanecer aquel lago (y su eco) algunos unos años atrás, pero el reloj (y el azar), mutó la ilegalidad y la adormeció entre mis brazos... Para faltarle un bosquejo, bastante preciso fue el plan.
Pero algo salió mal esa noche: me gustaste.
Delimitamos un puente fugáz y, como era también de esperar, se fatigaron sus cuerdas. Mas en medio del fugitivo escalón, el mismo ícono atroz que se replica, distante. Y entre más sombras y huecos, tres puntos ensimismados que me condenan a duelo. Me afixia tu paradoja, desborda mi voz de metáforas y mi sed de volver a sentirte grita en silencio, mientras se alejan tus pasos... y calla.
No había planeado el impacto... el azar delineó ciertas líneas y yo me apropié de las rectas y de sus curvas (solo de algunas de ellas).
Subestimando detalles aparentaba muy bien; incluso el paréntesis... Vimos desvanecer aquel lago (y su eco) algunos unos años atrás, pero el reloj (y el azar), mutó la ilegalidad y la adormeció entre mis brazos... Para faltarle un bosquejo, bastante preciso fue el plan.
Pero algo salió mal esa noche: me gustaste.
Delimitamos un puente fugáz y, como era también de esperar, se fatigaron sus cuerdas. Mas en medio del fugitivo escalón, el mismo ícono atroz que se replica, distante. Y entre más sombras y huecos, tres puntos ensimismados que me condenan a duelo. Me afixia tu paradoja, desborda mi voz de metáforas y mi sed de volver a sentirte grita en silencio, mientras se alejan tus pasos... y calla.
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