La pluma y su avidez de aliviar suele abreviar su accionar cuando la razón (sin razón) ahuyenta sin clemencia las metáforas; cuando los eufemismos te alcanzan, te retan... te asfixian... Entonces, no existe tinta que pueda curar, siquiera que ose intentar, enmendar tales huecos vacíos...
Una vez más aquí, desde ahí, como pidiendo perdón (y permiso); revovinando las cintas, palideciendo el color; desovillando los hilos...
No tengo sílabas para intercalar, ni aire, ni excusas (ni ruidos). El bumerán poco paciente y audaz naufraga con ritmo tenaz, en cada rincón (sin sonido).
Y los compases no cesan.. y los bullicios no callan y los silencios... aturden y en cada kilómetro gris, y en cada milla blanquiceleste, el mismo signo feroz, decora con miedo y tesón ese montón de vocablos cautos, mareados (aturdidos...)
Hola. Te amo.
Y... luego de tanto tiempo, por fin, sucedió: me enamoré.
Fue casi a primera vista y también sin pensar demasiado (dicen que es así como se dan las mejores cosas)...
No voy a mentir, yo estaba bien con mi vida; ni me sentía incompleta ni vacía ni ninguna de todas esas cosas que siempre dicen, pero lo cierto es que, ahora, con él, me siento mucho mejor; comienzo a sospechar que, en verdad lo necesitaba...
Para variar la estadística, es bastante menor que yo. Ups! Pero... si algo aprendí en este último tiempo, es que la edad no garantiza ni madurez, ni felicidad ni ninguna otra cuestión. Es más, a riesgo de pecar de insolente, me atrevo a decir que es un mero aporte ilustrativo... El tiempo me dará la razón (o no y aprenderé a vivir con ello).
Bueno, eso, sentí la necesidad de compartir que estaba feliz y, por supuesto, reconocer el aporte del celestino: ¡Luquis! Ja, con lo celoso que era de más pequeño... ¡Gracias infinitas hermanito! ¡Has salvado mi otoño y mi invierno (¿y por qué no, también, mi verano?)
Desde hoy, películas, HD ¡y colores reales en cada imagen! ¡Bienvenido Led!
PD: Un minutito de silencio, para un gran amigo -mayorcito- que pasó a mejor vida...
Fue casi a primera vista y también sin pensar demasiado (dicen que es así como se dan las mejores cosas)...
No voy a mentir, yo estaba bien con mi vida; ni me sentía incompleta ni vacía ni ninguna de todas esas cosas que siempre dicen, pero lo cierto es que, ahora, con él, me siento mucho mejor; comienzo a sospechar que, en verdad lo necesitaba...
Para variar la estadística, es bastante menor que yo. Ups! Pero... si algo aprendí en este último tiempo, es que la edad no garantiza ni madurez, ni felicidad ni ninguna otra cuestión. Es más, a riesgo de pecar de insolente, me atrevo a decir que es un mero aporte ilustrativo... El tiempo me dará la razón (o no y aprenderé a vivir con ello).
Bueno, eso, sentí la necesidad de compartir que estaba feliz y, por supuesto, reconocer el aporte del celestino: ¡Luquis! Ja, con lo celoso que era de más pequeño... ¡Gracias infinitas hermanito! ¡Has salvado mi otoño y mi invierno (¿y por qué no, también, mi verano?)
Desde hoy, películas, HD ¡y colores reales en cada imagen! ¡Bienvenido Led!

PD: Un minutito de silencio, para un gran amigo -mayorcito- que pasó a mejor vida...
"El cuerpo grita lo que la boca calla" leí alguna vez y hoy me tocó comprobar que a veces, además de gritar... aturde...
Crecer te demuestra que la vida no es tan rosa como en los cuentos; que a veces es blanca, a veces multicolor y otras tantas (y mal que me pese) se funde en un tenue matiz... un poco cercano al gris...
Sin embargo, en tal competencia cromática, y pese a tan terca disputa, siempre, en algún momento, un arcoiris sereno, nos vuelve a mostrar que lo grande no es en verdad tan vasto y que lo pequeño es eso que llena los huecos, lo que conmueve las lineas, para que sean más curvas;lo que seduce a tus labios, para que vuelvas a sonreír...
La felicidad no es más que la suma de pequeños momentos... y los momentos pasan...
So (once and again):
- - E N J O Y
:) T H E
:) L I T T L E
:) T H I N G S
:) - -
De grietas inoportunas
Había aprendido que el miedo era esa grieta ambiciosa capaz de filtrarle sus sueños y quiso, por un instante, sellar aquella rendija.
Dibujó por enésima vez el tenue contorno en sus ojos y sonrió a su reflejo. Un guiño despreocupado la sorprendió.
El ring se anticipó a su coraje y, en medio de acordes dispares, una bocanada de aire la entorpeció. Entonces, un flashback inoportuno se precipitó en su frente y le compartió sus escenas (y el guión). Ninguna subsanó las preguntas que naufragaban inquietas. Sucede que ya era tarde para debatir sobre intentos; su endeble burbuja ilusoria había envejecido esa tarde y ahora... solo quedaba una opción.
Volvió a acondicionar su sonrisa y se aventuró hacia la puerta. Catorce escalones y el pasillo blanco; la llave en la mano y la puerta que abrió. La taquicardia imprudente se arrodilló ante sus ojos y le tendió su mano para invitarlo a pasar.
El resto fue casi anecdótico, la uva brillante y helada colmó de magia la pausa y adelantó, sin permiso, el reloj...
La noche se entremeció con prisa entre beso y beso y tras sonrisas calladas siguió su viaje y huyó. Como vigilando sus pasos también se alejaron ellos. 28 escalones recorrió su falda; él solo 14 la acompañó. Los golpecitos inquietos ya no tenían prisa, pero ese par de agujas obtusas no preguntó.
Al cabo del último beso volvió a agrietarse aquel hueco; se tropezó distraída y cayó... Asumió que sería absurdo ponerse a escalar a esas horas y decidió no apurarse. Se acurrucó en silencio, y durmió...
Dibujó por enésima vez el tenue contorno en sus ojos y sonrió a su reflejo. Un guiño despreocupado la sorprendió.
El ring se anticipó a su coraje y, en medio de acordes dispares, una bocanada de aire la entorpeció. Entonces, un flashback inoportuno se precipitó en su frente y le compartió sus escenas (y el guión). Ninguna subsanó las preguntas que naufragaban inquietas. Sucede que ya era tarde para debatir sobre intentos; su endeble burbuja ilusoria había envejecido esa tarde y ahora... solo quedaba una opción.
Volvió a acondicionar su sonrisa y se aventuró hacia la puerta. Catorce escalones y el pasillo blanco; la llave en la mano y la puerta que abrió. La taquicardia imprudente se arrodilló ante sus ojos y le tendió su mano para invitarlo a pasar.
El resto fue casi anecdótico, la uva brillante y helada colmó de magia la pausa y adelantó, sin permiso, el reloj...
La noche se entremeció con prisa entre beso y beso y tras sonrisas calladas siguió su viaje y huyó. Como vigilando sus pasos también se alejaron ellos. 28 escalones recorrió su falda; él solo 14 la acompañó. Los golpecitos inquietos ya no tenían prisa, pero ese par de agujas obtusas no preguntó.
Al cabo del último beso volvió a agrietarse aquel hueco; se tropezó distraída y cayó... Asumió que sería absurdo ponerse a escalar a esas horas y decidió no apurarse. Se acurrucó en silencio, y durmió...
Vaivenes
y entonces por fin asumió que no todo aquello que cuesta vale en verdad la pena.
Dicen que amar nos vuelve perseverantes, a veces tercos, poco curiosos... quizá vulnerables, pero no es el amor lo que nos lastima sino la inestable ambición de unificar diferentes cuerpos; de entrelazar ambas almas cuando solo una de ellas decide adaptar sus vuelo, mientras discurren ideas, pasiones,preguntas... miedos; millones de interrogantes y un par de alas cobardes que osan subestimar el suelo...
Relojes con prisa, hamacas inquietas, silencios... sollozos poco oportunos, el caprichoso azar y el anticipado adiós; un redundante vaivén que vuelve a cerrar las puertas del inconsistente sendero...
Dicen que amar nos vuelve perseverantes, a veces tercos, poco curiosos... quizá vulnerables, pero no es el amor lo que nos lastima sino la inestable ambición de unificar diferentes cuerpos; de entrelazar ambas almas cuando solo una de ellas decide adaptar sus vuelo, mientras discurren ideas, pasiones,preguntas... miedos; millones de interrogantes y un par de alas cobardes que osan subestimar el suelo...
Relojes con prisa, hamacas inquietas, silencios... sollozos poco oportunos, el caprichoso azar y el anticipado adiós; un redundante vaivén que vuelve a cerrar las puertas del inconsistente sendero...
Furtivos, intensos... escasos
"Yo te quiero", le dijo ella... "Yo también te quiero", replicó él y nunca antes había sido la semejanza tan desigual. Él sin duda la quería; ella, en cambio, lo quería a él...
Inviernos, otoños, veranos osaron discurrir con prisa por sus agendas, mientras la vida seguía su curso, sin preguntarles jamás... sin esperarlos...
Habría adoptado su diario, su voluntad, sus defectos; mas solo copartían ratitos; escuetos, fugaces (chiquitos).
Jamás le sostuvo su mano ni la abrazó por la espalda; no hubo cine, ni flores ni eventos; siempre palabras, susurros... momentos. El desde luego lo sabe (lo aprueba); ella también lo sabe, más no se resigna y espera...
Tantísimas veces se alejó de él y se juró olvidarlo o al menos, tal vez, aceptar. Más nunca se fue del todo, nunca logró dejarlo... Sin prisa y con calma vuelve a esperar esa voz y se aventura a soñarlo. El ni siquiera sospecha; ella en silencio lo acepta, para volver a negarlo. Pero sus pausas no duran, tampoco sus no... y vuelve el reloj a juntarlos, con plena pasión (sin testigos); siempre en oscuros rincones, sin proyección... tan furtivos...
Una y mil veces amará a Joaquín, cuando pensar y sentir discurran a contramano, y decidirá aceptar, sin más, solo esos ratos discretos, poco prudentes (y escasos). y le dirá "te quiero" y escuchará un "yo también", sin atreverse, jamás, a cambiarlo...
Inviernos, otoños, veranos osaron discurrir con prisa por sus agendas, mientras la vida seguía su curso, sin preguntarles jamás... sin esperarlos...
Habría adoptado su diario, su voluntad, sus defectos; mas solo copartían ratitos; escuetos, fugaces (chiquitos).
Jamás le sostuvo su mano ni la abrazó por la espalda; no hubo cine, ni flores ni eventos; siempre palabras, susurros... momentos. El desde luego lo sabe (lo aprueba); ella también lo sabe, más no se resigna y espera...
Tantísimas veces se alejó de él y se juró olvidarlo o al menos, tal vez, aceptar. Más nunca se fue del todo, nunca logró dejarlo... Sin prisa y con calma vuelve a esperar esa voz y se aventura a soñarlo. El ni siquiera sospecha; ella en silencio lo acepta, para volver a negarlo. Pero sus pausas no duran, tampoco sus no... y vuelve el reloj a juntarlos, con plena pasión (sin testigos); siempre en oscuros rincones, sin proyección... tan furtivos...
Una y mil veces amará a Joaquín, cuando pensar y sentir discurran a contramano, y decidirá aceptar, sin más, solo esos ratos discretos, poco prudentes (y escasos). y le dirá "te quiero" y escuchará un "yo también", sin atreverse, jamás, a cambiarlo...
Bis...
Al cabo de algunos días volvió a asomarse... Juró y re juró que ya no lo haría y en cambio... Volvió.
Era distinto, sabía y sin embargo... Idéntico era el dolor...
La misma ventana a la misma altura; un poco más alto, el mismo escalón. Respiró hondo y se armó de coraje. Escaló con paciencia y entró.
El cuarto aún estaba oscuro, tal cual cómo lo dejó y percibió otra vez ese frío; ese helado susurro que una vez más la atrapó.
Cruzó por aquella puerta y se sentó en la cama; miró de reojo ese hueco, detuvo su aliento y lloró... Casi un millar de imágenes se aventuró en su frente y junto a cada recuerdo se le empañó el corazón... Volvió a sentir el vacío que también sintió aquella tarde, cuando arrojó ese libro; la misma tristeza... El mismo temor.
Estuvo unas horas mirando ese hueco, el que cubría la alfombra que jamás destapó... Se le cortaba la voz mientras juraba en silencio y en cada suspiro repitió su nombre y junto a sus letras... Un no...
Flaqueaban sus piernas, dudó su coraje, temblaba de miedo... Y amor.....
Supo al pasar unos días que ya no debía intentarlo... La más dulce de sus sonrisas quedó sepultada en la alfombra; sus ilusiones y sueños se ahogaron sin tregua en ese agujero infinito, sin sol...
Se puso de pie y regresó a la ventana, mientras volvía a jurarse que ya no cabía otra opción.... Habría entregado sus noches por encerrar sus recuerdos, junto a esa misma cama, a un lado del mismo hueco... Junto a ese helado refugio que supo asfixiar su pasión...
Odiaba las despedidas, más nada podía evitarlo; no habría tenido elección... Tras superar la primera, se aventuró a la segunda y lentamente... siguió... La cuarta, sin dudas, fue muy difícil, la que más dentro suyo caló. No había rencores, ni enojos; sólo tristeza, cariño y el más demorado adiós....
Era distinto, sabía y sin embargo... Idéntico era el dolor...
La misma ventana a la misma altura; un poco más alto, el mismo escalón. Respiró hondo y se armó de coraje. Escaló con paciencia y entró.
El cuarto aún estaba oscuro, tal cual cómo lo dejó y percibió otra vez ese frío; ese helado susurro que una vez más la atrapó.
Cruzó por aquella puerta y se sentó en la cama; miró de reojo ese hueco, detuvo su aliento y lloró... Casi un millar de imágenes se aventuró en su frente y junto a cada recuerdo se le empañó el corazón... Volvió a sentir el vacío que también sintió aquella tarde, cuando arrojó ese libro; la misma tristeza... El mismo temor.
Estuvo unas horas mirando ese hueco, el que cubría la alfombra que jamás destapó... Se le cortaba la voz mientras juraba en silencio y en cada suspiro repitió su nombre y junto a sus letras... Un no...
Flaqueaban sus piernas, dudó su coraje, temblaba de miedo... Y amor.....
Supo al pasar unos días que ya no debía intentarlo... La más dulce de sus sonrisas quedó sepultada en la alfombra; sus ilusiones y sueños se ahogaron sin tregua en ese agujero infinito, sin sol...
Se puso de pie y regresó a la ventana, mientras volvía a jurarse que ya no cabía otra opción.... Habría entregado sus noches por encerrar sus recuerdos, junto a esa misma cama, a un lado del mismo hueco... Junto a ese helado refugio que supo asfixiar su pasión...
Odiaba las despedidas, más nada podía evitarlo; no habría tenido elección... Tras superar la primera, se aventuró a la segunda y lentamente... siguió... La cuarta, sin dudas, fue muy difícil, la que más dentro suyo caló. No había rencores, ni enojos; sólo tristeza, cariño y el más demorado adiós....
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