"El cuerpo grita lo que la boca calla" leí alguna vez y hoy me tocó comprobar que a veces, además de gritar... aturde...
Crecer te demuestra que la vida no es tan rosa como en los cuentos; que a veces es blanca, a veces multicolor y otras tantas (y mal que me pese) se funde en un tenue matiz... un poco cercano al gris...
Sin embargo, en tal competencia cromática, y pese a tan terca disputa, siempre, en algún momento, un arcoiris sereno, nos vuelve a mostrar que lo grande no es en verdad tan vasto y que lo pequeño es eso que llena los huecos, lo que conmueve las lineas, para que sean más curvas;lo que seduce a tus labios, para que vuelvas a sonreír...
La felicidad no es más que la suma de pequeños momentos... y los momentos pasan...
So (once and again):


- - E N J O Y :) T H E :) L I T T L E :) T H I N G S :) - -

De grietas inoportunas

Había aprendido que el miedo era esa grieta ambiciosa capaz de filtrarle sus sueños y quiso, por un instante, sellar aquella rendija.
Dibujó por enésima vez el tenue contorno en sus ojos y sonrió a su reflejo. Un guiño despreocupado la sorprendió.
El ring se anticipó a su coraje y, en medio de acordes dispares, una bocanada de aire la entorpeció. Entonces, un flashback inoportuno se precipitó en su frente y le compartió sus escenas (y el guión). Ninguna subsanó las preguntas que naufragaban inquietas. Sucede que ya era tarde para debatir sobre intentos; su endeble burbuja ilusoria había envejecido esa tarde y ahora... solo quedaba una opción.
Volvió a acondicionar su sonrisa y se aventuró hacia la puerta. Catorce escalones y el pasillo blanco; la llave en la mano y la puerta que abrió. La taquicardia imprudente se arrodilló ante sus ojos y le tendió su mano para invitarlo a pasar.
El resto fue casi anecdótico, la uva brillante y helada colmó de magia la pausa y adelantó, sin permiso, el reloj...
La noche se entremeció con prisa entre beso y beso y tras sonrisas calladas siguió su viaje y huyó. Como vigilando sus pasos también se alejaron ellos. 28 escalones recorrió su falda; él solo 14 la acompañó.  Los golpecitos inquietos ya no tenían prisa, pero ese par de agujas obtusas no preguntó.
Al cabo del último beso volvió a agrietarse aquel hueco; se tropezó distraída y cayó...  Asumió que sería absurdo ponerse a escalar a esas horas y decidió no apurarse. Se acurrucó en silencio, y durmió...

Vaivenes

y entonces por fin  asumió que no todo aquello que cuesta vale en verdad la pena. 
Dicen que amar nos vuelve perseverantes, a veces tercos, poco curiosos... quizá vulnerables, pero no es el amor lo que nos lastima sino la inestable ambición de unificar diferentes cuerpos; de entrelazar ambas almas cuando solo una de ellas decide adaptar sus vuelo, mientras discurren ideas, pasiones,preguntas... miedos; millones de interrogantes y un par de alas cobardes que osan subestimar el suelo...
Relojes con prisa, hamacas inquietas, silencios... sollozos poco oportunos, el caprichoso azar y el anticipado adiós; un redundante vaivén que vuelve a cerrar las puertas del inconsistente sendero...


Furtivos, intensos... escasos

"Yo te quiero", le dijo ella... "Yo también te quiero", replicó él y nunca antes había sido la semejanza tan desigual. Él sin duda la quería; ella, en cambio, lo quería a él...
Inviernos, otoños, veranos osaron discurrir con prisa por sus agendas, mientras la vida seguía su curso, sin preguntarles jamás... sin esperarlos...
Habría adoptado su diario, su voluntad, sus defectos; mas solo copartían ratitos; escuetos, fugaces (chiquitos).
Jamás le sostuvo su mano ni la abrazó por la espalda; no hubo cine,  ni flores ni eventos; siempre palabras, susurros... momentos. El desde luego lo sabe (lo aprueba); ella también lo sabe, más no se resigna y espera...
Tantísimas veces se alejó de él y se juró olvidarlo o al menos, tal vez, aceptar. Más nunca se fue del todo, nunca logró dejarlo... Sin prisa y con calma vuelve a esperar esa voz y se aventura a soñarlo. El ni siquiera sospecha; ella en silencio lo acepta, para volver a negarlo. Pero sus pausas no duran, tampoco sus no... y vuelve el reloj a juntarlos,  con plena pasión (sin testigos); siempre en oscuros rincones, sin proyección... tan furtivos...
Una y mil veces amará a Joaquín, cuando pensar y sentir discurran a contramano, y decidirá aceptar, sin más, solo esos ratos discretos, poco prudentes (y escasos). y le dirá "te quiero" y escuchará un "yo también", sin atreverse, jamás, a cambiarlo...



Bis...

Al cabo de algunos días volvió a asomarse... Juró y re juró que ya no lo haría y en cambio... Volvió.
Era distinto, sabía y sin embargo... Idéntico era el dolor...
La misma ventana a la misma altura; un poco más alto, el mismo escalón. Respiró hondo y se armó de coraje. Escaló con paciencia y entró.
El cuarto aún estaba oscuro, tal cual cómo lo dejó y percibió otra vez ese frío; ese helado susurro que una vez más la atrapó.
Cruzó por aquella puerta y se sentó en la cama; miró de reojo ese hueco, detuvo su aliento y lloró... Casi un millar de imágenes se aventuró en su frente y junto a cada recuerdo se le empañó el corazón... Volvió a sentir el vacío que también sintió aquella tarde, cuando arrojó ese libro; la misma tristeza... El mismo temor.
Estuvo unas horas mirando ese hueco, el que cubría la alfombra que jamás destapó... Se le cortaba la voz mientras juraba en silencio y en cada suspiro repitió su nombre y junto a sus letras... Un no...
 Flaqueaban sus piernas, dudó su coraje,  temblaba de miedo... Y amor.....
Supo al pasar unos días que ya no debía intentarlo... La más dulce de sus sonrisas quedó sepultada en la alfombra; sus ilusiones y sueños se ahogaron sin tregua en ese agujero infinito, sin sol...
Se puso de pie y regresó a la ventana, mientras volvía a jurarse que ya no cabía otra opción.... Habría entregado sus noches por encerrar sus recuerdos, junto a esa misma cama, a un lado del mismo hueco... Junto a ese helado refugio que supo asfixiar su pasión...
Odiaba las despedidas, más nada podía evitarlo; no habría tenido elección... Tras superar la primera, se aventuró a la segunda y lentamente... siguió... La cuarta, sin dudas, fue  muy difícil, la que más dentro suyo caló. No había rencores, ni enojos;  sólo tristeza, cariño y el más demorado adiós....

...


Por ejemplo, su mano en mi espalda; por ejemplo, sonrisas y sueños...
Por ejemplo, su ausencia y mi pausa; por ejemplo, nostalgias y miedos...
Por ejemplo, silencios y puertas; por ejemplo... Que me echo de menos...
Por ejemplo, su nudo en mi pecho; por ejemplo, mudismos... Eternos...

Burbujas...

Entonces,  un día cualquiera y de pronto,  tu cuerpo luce distinto; te pesan las piernas, la voz, e inoportunos senderos decoran, con algo de prisa y tesón, el marco de tu mirada.
Con cierta resignación te ponés de pie, tras la monótona queja que a penas discurre en tus labios. El cruce con el espejo es letal, pero inevitable, como ese surco nuboso que con perseverante elegancia delinea un contorno ovalado.
Los días son poco variados: trabajo, extras... gimnasio. Más de una vez por semana organizás una cena; volvés a reir con amigos y entonces, tan solo por unas horas, sos quien en verdad querés ser, sin duda,  tu mejor versión... casi sin darte cuenta...
Y por fin... viernes: ¡Llegó el finde! ¿Salir o descansar? Quisieras dormir 3 vidas, o 4, si acaso tuvieras tiempo. Conjugas ambas alternativas y, en un feroz ímpetu de añoranza, te vas a ver a los viejos, en bondi... La ruta es tan larga como ineludible y no te preocupa: lees, escuchas música y las otras 3/4 partes del viaje son para meditar "detalles" que te hacen pensar... un poco...
Y finalmente llegas, tu vieja te está esperando (siempre lo hace), incluso lo más probable es que cuando entres a casa (su casa), ya esté la pava en el fuego para cebarte unos mates. Y vos feliz, obvio, porque no importa cuan grande ya seas, nunca se es tan mayor para rechazar ciertos mimos. Te sentás a su lado, un rato, y hablas de todo, sin respirar; a  ella también se le olvida. Entre tanto, insistís con la misma puertita, reiteradísimas veces... Cada sabor te transporta: nostalgias... recuerdos... y entonces, antes de que la culpa te rememore la dieta, lo ves a entrar a papá (al viejo), con esa mirada tan dulce y esa pisada... más lenta... El calendario golpea tu hombro y pesa, con fuerzas, en cada rincón de tu espalda. Los años son crueles a veces... perversos; te obligan a parpadear, sin dudar, para ocultar que, otra vez, esa basurita tenas volvió a entrometerse en tu ojo... y  le sonreís, feliz, y le explicás (sin hablar) lo mucho que lo has extrañado...
El finde se escapa discreto pero antes, libera decenas de voces;voces que jamás se dicen y voces que... aturden, en el más excesivo silencio...
Cada regreso es igual: largo; pero ahí no hace falta disimular; la basurita vuelve contigo.
La llegada a casa (tu casa) es un baldazo helado que te sorprende (y te asusta).  Te tomás unos minutos. Siempre es igual: mezcla de pena y melancolía, mientras llamás a mamá, para avisar que llegaste, y agradecerle, otra vez, por lo que hizo estos días,  aunque de memoria sabés, que la razón de ese "gracias" excede este fin de semana.
Y  estás nuevamente ahí, frente a ese reflejo feroz, junto a un montón de metáforas. Te hablás (te aturdís). Solo estás vos y tu yo que grita, a viva voz, que esa vida que vives no es como lo planeabas.  Comienza la discusión con ese gen adversario y entonces, minutos antes de dimitir, entre renuncias y treguas, algo detiene tu voz (y tus lágrimas) y te decidís a creer, te permitis intentar que aquella burbuja, fugaz, logre crecer y durar (pueda volverse real), mientras perduren tu fe y tus ganas...


Viernes que te quiero, viernes...

El viernes todo está bien; no tiene nada que ver con el lunes, que tiene mala fama per se y que, aunque tantas veces nos ha deslumbrado, no ...